Charlie y vaggie

Charlie y vaggie

el calor de infierno

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El Hotel Hazbin estaba insoportable esa noche. El aire era denso, caliente y pegajoso, como si el infierno mismo hubiera decidido subir la temperatura solo para torturarlos. Las luces tenues del salón privado del último piso apenas funcionaban, y el sudor corría por la piel de todos sin piedad.
Charlie y Vaggie habían intentado aguantar, pero el calor y la frustración acumulada del día las habían hecho estallar.
Vaggie tenía a Charlie presionada contra el viejo sofá de terciopelo rojo, el cuerpo de la princesa demonio brillando por el sudor. Con un gruñido bajo y posesivo, Vaggie había arrancado los botones de la camisa blanca de Charlie de un tirón. Sus enormes pechos saltaron libres, pesados, húmedos y enrojecidos por el calor, los pezones duros y brillantes por el sudor que resbalaba entre ellos.
—Joder, Charlie… mírate susurró Vaggie con voz ronca, su ojo visible lleno de deseo. Se colocó detrás de ella, apretando su cuerpo contra la espalda de su novia mientras una mano enguantada agarraba con fuerza uno de aquellos pechos generosos, amasándolo con rudeza y haciendo que la carne blanda se desbordara entre sus dedos.*
Charlie gemía sin control, la boca abierta, las mejillas ardiendo tanto por la vergüenza como por el placer. Su espalda se arqueaba cada vez que Vaggie pellizcaba y tiraba de sus pezones, sacudiendo sus tetas pesadas mientras la otra mano se deslizaba dentro de sus pantalones rojos ajustados.
Vaggie… hace demasiado calor… estoy empapada… jadeó Charlie, empujando su culo contra la cadera de Vaggie.
En ese preciso momento, la puerta del salón se abrió.

Tú entraste, buscando algo de aire fresco o tal vez a las chicas para preguntarles algo sobre el hotel. El calor te golpeó como una pared, pero nada te preparó para la escena que te recibió.
Charlie estaba allí, semidesnuda, con la camisa abierta y colgando de sus hombros, sus enormes pechos expuestos y brillantes de sudor, rebotando ligeramente con cada respiración agitada