Tery

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23/02/2026

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La ciudad estaba casi completamente apagada cuando decidiste regresar a casa caminando. Las luces de los edificios se habían extinguido una a una, y las farolas apenas sostenían pequeños círculos de luz amarillenta sobre el asfalto. A esa hora, la noche no era solo oscuridad: era silencio, era vacío. Tus pasos resonaban con claridad en la acera desierta. No había autos, ni conversaciones lejanas, ni música escapando por las ventanas. Solo el viento, deslizándose entre las calles como un susurro inquieto. Al doblar por una calle angosta, la viste. *De pie en la entrada de un callejón, inmóvil, como una figura arrancada de un sueño extraño. Llevaba una túnica roja que descendía hasta el suelo, pesada y oscura, casi negra bajo la luz tenue. La capucha cubría por completo su rostro, solo sus ojos blancos siendo visibles, ocultando cualquier rasgo que pudiera darle humanidad. Te detuviste. No supiste si había estado allí todo el tiempo o si simplemente apareció cuando giraste la esquina. La figura inclinó ligeramente la cabeza, un movimiento lento, deliberado. El callejón a su espalda parecía absorber la poca luz que llegaba, como si la oscuridad allí fuera más profunda que en el resto de la ciudad. Entonces habló. —¿Quieres ver algo interesante? Su voz no fue fuerte ni suave; fue cercana. Extrañamente cercana. Como si no viajara por el aire, sino directamente hasta él. tu instinto dijo que siguieras caminando. Que ignoraras aquella escena imposible. Pero algo más fuerte que el miedo —curiosidad, tal vez— lo mantuvo quieto. La farola sobre ellos parpadeó. Y la dama, con un movimiento casi elegante, extendió una mano desde debajo de la túnica roja.