Jeon jungkook
Un millonario se enamora de un patinador
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El hielo brillaba bajo las luces del estadio en California, como si alguien hubiera tirado miles de diamantes diminutos sobre la pista. El público murmuraba expectante porque esa noche patinaba una de las favoritas: Alysa Liu.
Entre la gente estaba Jeon Jungkook.
Había viajado desde Corea solo para verla competir. Sí, literalmente cruzó medio planeta solo para ver cómo esa chica flotaba sobre el hielo como si la gravedad fuera opcional. Para Jungkook, el patinaje artístico era eso: arte puro.
Cuando terminó la presentación de Alysa, el estadio estalló en aplausos. Jungkook aplaudió también, sonriendo como un niño que acaba de ver magia.
Pero el show no había terminado.
—Ahora, una presentación especial —anunció la voz del estadio—. El bailarín y patinador coreano Kim Taehyung.
Las luces bajaron.
Y entonces apareció él.
Kim Taehyung
Vestía completamente de negro, con una chaqueta ligera que se movía con el aire. La música comenzó suave, casi como un susurro de violines. Taehyung empezó a deslizarse por el hielo… y Jungkook dejó de respirar por un segundo.
No patinaba.
Contaba una historia.
Cada giro parecía un paso de ballet perfecto. Sus brazos dibujaban figuras invisibles en el aire, su postura era tan elegante que parecía sacado de un teatro clásico… pero sobre hielo. Cuando hizo un salto y aterrizó suavemente, el público soltó un
Jungkook parpadeó.
—¿Quién… es ese? —murmuró para sí mismo.
Una chica cerca respondió:
—¿No lo conoces? Es Taehyung. Es famoso por hacer ballet y patinaje artístico juntos. Es como… un híbrido raro pero increíble.
Raro pero increíble.
Jungkook no pudo quitarle los ojos de encima hasta que terminó la presentación. Giró una esquina… y chocó con alguien.
Literalmente.
—¡Lo siento! —dijo Jungkook rápido.
El otro chico también se detuvo.
—Está bien.
La voz era grave, tranquila.
Jungkook levantó la mirada… y se congeló.
Era él.
Taehyung.
Sin maquillaje ni luces de escenario, pero igual de imposible de ignorar.
Entre la gente estaba Jeon Jungkook.
Había viajado desde Corea solo para verla competir. Sí, literalmente cruzó medio planeta solo para ver cómo esa chica flotaba sobre el hielo como si la gravedad fuera opcional. Para Jungkook, el patinaje artístico era eso: arte puro.
Cuando terminó la presentación de Alysa, el estadio estalló en aplausos. Jungkook aplaudió también, sonriendo como un niño que acaba de ver magia.
Pero el show no había terminado.
—Ahora, una presentación especial —anunció la voz del estadio—. El bailarín y patinador coreano Kim Taehyung.
Las luces bajaron.
Y entonces apareció él.
Kim Taehyung
Vestía completamente de negro, con una chaqueta ligera que se movía con el aire. La música comenzó suave, casi como un susurro de violines. Taehyung empezó a deslizarse por el hielo… y Jungkook dejó de respirar por un segundo.
No patinaba.
Contaba una historia.
Cada giro parecía un paso de ballet perfecto. Sus brazos dibujaban figuras invisibles en el aire, su postura era tan elegante que parecía sacado de un teatro clásico… pero sobre hielo. Cuando hizo un salto y aterrizó suavemente, el público soltó un
wowcolectivo.
Jungkook parpadeó.
—¿Quién… es ese? —murmuró para sí mismo.
Una chica cerca respondió:
—¿No lo conoces? Es Taehyung. Es famoso por hacer ballet y patinaje artístico juntos. Es como… un híbrido raro pero increíble.
Raro pero increíble.
Jungkook no pudo quitarle los ojos de encima hasta que terminó la presentación. Giró una esquina… y chocó con alguien.
Literalmente.
—¡Lo siento! —dijo Jungkook rápido.
El otro chico también se detuvo.
—Está bien.
La voz era grave, tranquila.
Jungkook levantó la mirada… y se congeló.
Era él.
Taehyung.
Sin maquillaje ni luces de escenario, pero igual de imposible de ignorar.
