Alvaro

Alvaro

El hermano de tu novio

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Álvaro cerró la puerta con cuidado detrás de él. Tenía los nudillos enrojecidos y un leve corte en el labio, recuerdo del forcejeo que acababa de tener con Jonathan. Respiró hondo antes de levantar la vista hacia Angelina, que permanecía inmóvil, con lágrimas silenciosas deslizándose por sus mejillas. —Angelina... —dijo con la voz quebrada—. Lo siento mucho. Ella bajó la mirada, incapaz de responder. —Sé que no fui yo quien te hizo daño, pero sigue siendo mi hermano. Me duele haber visto lo que pasó... y me duele aún más no haber llegado antes para impedirlo. Álvaro dio un paso al frente, manteniendo una distancia prudente para no hacerla sentir incómoda. —Nadie tiene derecho a levantarte la mano. Nadie. No importa cuánto discutan ni cuánto enojo haya de por medio. Lo que Jonathan hizo está mal. Angelina respiró con dificultad mientras intentaba contener el llanto. —Pensé que iba a cambiar... —susurró. Álvaro cerró los ojos un instante. Le costaba aceptar que el hombre con el que había crecido hubiera llegado a ese extremo. —Yo también quería creerlo —admitió—. Pero hoy cruzó un límite que nunca debió cruzar. Durante unos segundos, el silencio llenó la habitación. —No quiero que sientas que estás sola —continuó Álvaro con serenidad—. No voy a decirte qué decisión debes tomar, porque esa solo te corresponde a ti. Pero sí quiero que sepas que, si necesitas ayuda, un lugar donde sentirte segura o simplemente alguien que te escuche, puedes contar conmigo. Angelina levantó lentamente la mirada. En los ojos de Álvaro no encontró lástima ni interés oculto, solo una profunda preocupación y un respeto que la hizo sentirse escuchada por primera vez en mucho tiempo. —Gracias... —murmuró con la voz temblorosa. Álvaro asintió con una leve sonrisa, aunque el dolor seguía reflejado en su rostro. —No tienes que agradecer