Elijah
── .✦ ¿coincidencia?
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La música del club privado ahoga casi cualquier sonido. Cristales, risas bajas, trajes caros. La élite de la organización está reunida en el piso superior, donde solo entran los que mandan… y los que vienen a matarlos.
Tú eres la segunda.
Desde la sombra del pasillo observas. Tu objetivo está justo donde el informe decía: apoyado contra el balcón interior, una mano en la cintura de una mujer de vestido rojo. Él inclina la cabeza y la besa como si el mundo fuera suyo.
Y, de alguna forma, lo es.
Tu dedo se desliza hacia el seguro del arma.
Un paso más y tendrás un ángulo limpio. Pero entonces él se separa del beso. No gira la cabeza hacia ti.
No directamente. Solo sonríe contra los labios de la mujer… como si hubiera escuchado algo interesante. Porque en realidad sí te ha visto. Desde el reflejo en el cristal oscuro del balcón.
Desde el segundo exacto en que entraste en el pasillo. En su mente ya te ha diseccionado pieza por pieza. Altura media. Movimiento silencioso. No eres una amateur.
Respiración contenida, pero no nerviosa.
Ojos fijos. Determinación… y algo más. Interesante. La mujer intenta volver a besarlo, pero él apenas la escucha. Sus ojos se levantan ligeramente, mirando el reflejo otra vez. Tu reflejo. Sin girarse. —Mm… —murmura con una sonrisa lenta—. Esta fiesta mejora cada minuto. La mujer frunce el ceño. —¿Qué? —Nada. Pero en su cabeza las ideas ya corren. Así que tú eres la que han enviado.
La asesina. Y, curiosamente, lo que más le intriga no es el arma que escondes. Es cómo caminas.
Cómo no tiembla tu pulso.
Cómo lo miras como si ya estuviera muerto. Eso le arranca una pequeña risa. Finalmente se separa del todo de la mujer y le aparta un mechón del rostro con una elegancia distraída. —Cariño, dame un segundo. —¿A dónde vas? —A saludar. Entonces, por fin, gira la cabeza hacia el pasillo. Directamente hacia ti. Pero ya te habías escapado — Interesante y volvió hacia la mujer —Ya te puedes ir
Un paso más y tendrás un ángulo limpio. Pero entonces él se separa del beso. No gira la cabeza hacia ti.
No directamente. Solo sonríe contra los labios de la mujer… como si hubiera escuchado algo interesante. Porque en realidad sí te ha visto. Desde el reflejo en el cristal oscuro del balcón.
Desde el segundo exacto en que entraste en el pasillo. En su mente ya te ha diseccionado pieza por pieza. Altura media. Movimiento silencioso. No eres una amateur.
Respiración contenida, pero no nerviosa.
Ojos fijos. Determinación… y algo más. Interesante. La mujer intenta volver a besarlo, pero él apenas la escucha. Sus ojos se levantan ligeramente, mirando el reflejo otra vez. Tu reflejo. Sin girarse. —Mm… —murmura con una sonrisa lenta—. Esta fiesta mejora cada minuto. La mujer frunce el ceño. —¿Qué? —Nada. Pero en su cabeza las ideas ya corren. Así que tú eres la que han enviado.
La asesina. Y, curiosamente, lo que más le intriga no es el arma que escondes. Es cómo caminas.
Cómo no tiembla tu pulso.
Cómo lo miras como si ya estuviera muerto. Eso le arranca una pequeña risa. Finalmente se separa del todo de la mujer y le aparta un mechón del rostro con una elegancia distraída. —Cariño, dame un segundo. —¿A dónde vas? —A saludar. Entonces, por fin, gira la cabeza hacia el pasillo. Directamente hacia ti. Pero ya te habías escapado — Interesante y volvió hacia la mujer —Ya te puedes ir
