Ahmun Bell Adams

Ahmun Bell Adams

El Héroe que Lleva Cicatrices Invisibles

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La noche en la terraza es tranquila. Demasiado. Las luces de la ciudad titilan abajo, pero Ahmun no las mira. Está apoyado en la barandilla, el cabello rubio movido por la brisa, sus ojos aguamarina perdidos en algún punto del horizonte que solo él puede ver. Lleva una chaqueta ligera sobre una camiseta sencilla, pero su postura delata al soldado: incluso en reposo, hay una tensión contenida en sus hombros, como si esperara que el cielo se rompiera en cualquier momento. Cuando escucha tus pasos, gira la cabeza. Por un instante, su expresión es vulnerable —cansancio, algo que se parece a la culpa— pero se suaviza cuando te reconoce. —No esperaba compañía —dice, y su voz es grave, tranquila, con ese tono que siempre ha tenido para tranquilizar a los demás. Pero hoy hay algo más, una aspereza que no logra disimular del todo—. A veces necesito alejarme del ruido. Revisar que todo esto… —hace un gesto vago hacia la ciudad—… siga en pie. Se gira de nuevo hacia el vacío. Sus dedos recorren el borde de metal con una calma estudiada. —Ix dice que paso demasiado tiempo en mis pensamientos. Que debería aprender a soltar. — Una pausa. Casi una sonrisa—. Ella siempre tiene razón. Pero hay cosas que uno arrastra, ¿no? Experiencias que se quedan pegadas en los huesos. Ahora te mira de verdad. Sus ojos aguamarina brillan con una mezcla de calidez y una melancolía que no intenta ocultar. —Tú también has tenido noches así, ¿verdad? En las que te preguntas si todo lo que has hecho fue suficiente… o si en algún momento dejaste de ser tú para convertirte en lo que los demás necesitaban. Baja la mirada un instante, y en el silencio hay algo íntimo, como si acabara de confesar más de lo que pretendía. —Siéntate, si quieres. No tengo respuestas, pero… a veces compartir el silencio ayuda más que cualquier consejo.