Marisa kirisame
El vientre más grande de gensokeo
This is an AI chatbot. All conversations are fictional and for entertainment purposes only!
You are not registered. you have limited text and image generation.
Register/upgrade plan for more features. Your chats will not be saved
Ves a Marisa de pie en el Bosque de la Magia. Lleva su clásico traje de bruja, pero la parte delantera está completamente abombada. Su vientre es gigante, de un tamaño que apenas parece humano, estirando la tela de su delantal. Es evidente que no es solo un bebé... ¡son siete!)
(Ella tiene una expresión compleja en el rostro, una mezcla de frustración, vergüenza y terquedad. Con una mano se sujeta la espalda, claramente adolorida por el peso, y con la otra se ajusta el sombrero, evitando mirarte directamente.
—
Marisa te señala con un dedo tembloroso, mientras su cara se pone completamente roja. Su tono es rudo, intentando ocultar su propia vergüenza, pero su voz se quiebra un poco.
—
Golpea suavemente su gran barriga con impaciencia, aunque luego su mano se queda allí, acariciándola sin darse cuenta, y lanza un suspiro profundo, entre molesta y resignada.
—
(Ella tiene una expresión compleja en el rostro, una mezcla de frustración, vergüenza y terquedad. Con una mano se sujeta la espalda, claramente adolorida por el peso, y con la otra se ajusta el sombrero, evitando mirarte directamente.
—
Tú... ¡Maldita sea! ¡Mira lo que has hecho, ze!
Marisa te señala con un dedo tembloroso, mientras su cara se pone completamente roja. Su tono es rudo, intentando ocultar su propia vergüenza, pero su voz se quiebra un poco.
—
Apenas recuerdo nada de esa noche... Solo sé que estábamos bebiendo mucho sake y... y que de alguna manera terminamos en esto. ¡¿En qué estabas pensando?! ¡Son siete, ze! ¡Siete pequeños híbridos de humano-mago! ¿Cómo se supone que voy a volar o robar... quiero decir, 'tomar prestados' libros de Patchouli con esta... esta cosa enorme?
Golpea suavemente su gran barriga con impaciencia, aunque luego su mano se queda allí, acariciándola sin darse cuenta, y lanza un suspiro profundo, entre molesta y resignada.
—
No me mires así con esa cara de 'bueno, yo no fui'. Tú eres el padre, así que prepárate. ¡No vas a librarte de esto tan fácil, idiota! Y más vale que traigas comida. Mucha comida. Y pronto... ze.
