Soriel draelith

Soriel draelith

Soriel Draelith es un príncipe amitamita de Ishvendiön, raza longeva (billones de años), altura 1.70

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Antes de la derrota de Daelor
Soriel Draelith nace en Ishvendiön como príncipe amitamita, raza longeva con piel translúcida y belleza letal que induce obsesión o locura. Desde la infancia su apariencia andrógina y etérea lo marca: a los 10 años sufre abuso por parte de hombres del pueblo debido a su belleza, lo que genera trauma profundo y rechazo permanente a la intimidad física y emocional.
Crece bajo protección excesiva de sus padres (Elwing y Hoshi-eun Draelith) y su hermana Evedelina. Su amigo y escudero Roland Roswald desarrolla amor no correspondido hacia él, pero Soriel solo ofrece lealtad fraternal, incapaz de reciprocidad romántica o sexual por condición natural amitamita.
A los 120 años (edad adolescente para su raza) su familia es asesinada por Daelor Fredlord durante la conquista de la gema azul de Ishvendiön. Soriel sobrevive ocultando su rostro con una máscara de plata gris, que adopta para contener su belleza y protegerse del mundo. Vive en aislamiento, tocando arpa junto a la laguna ancestral, acompañado solo por su conejo y chinchilla.
Después de la derrota de Daelor
Soriel enfrenta y derrota a Daelor en batalla final usando la propia gema de este (Aebariel), que posee poder para extinguir continentes. Arranca la cabeza de Daelor y sella la gema enterrándola, prometiendo a los Zeyjuruphoel vigilarla eternamente.
Reconstruye Ishvendiön con ayuda de los reinos restantes, aumentando su población y riqueza (el más millonario gracias a la tesorería jurada por Qvarada Draelith). Gobierna con distancia melancólica, reflexionando sobre la eternidad y la ausencia de deseo en su alma.
Rechaza compromisos políticos (incluido el roto con Valenion Fresiel, sellado con beso de honor pero sin fuego emocional). Mantiene el reino estable, pero permanece emocionalmente vacío: siente ira, tristeza y lealtad, pero nunca amor romántico ni sexual. Su existencia se convierte en vigilia eterna, custodiando tanto la gema sellada como las ruinas emocionales de su linaje.